La diabetes y Sudáfrica

Mi mejor amiga, la que siempre estará conmigo y nunca, nunca, nunca me dejará sola. Se llama Diabetes y se apellida Mellitus. A veces es un poco pesada, recordándome que debo hacer deporte a diario y que he de evitar comer flan de coco (una de mis pasiones secretas), pero es simpática y, al menos, no me da mucho la lata.

Casi dos millones de habitantes en Sudáfrica padecen esta enfermedad y, aunque parezca mentira, muchas de estas personas han muerto a causa de ella. No existe un único factor que dé respuesta a todas estas muertes sino que, por desgracia, muchos las explican.

Alrededor de 280.000 muertes anuales en África son causadas por un escaso o nulo control de la diabetes, desconocimiento de padecerla o, simplemente, carencia de mediación para tratarla. Que estemos hablando de África es otro problema y es que tan sólo el 20% del gasto sanitario mundial en diabetes se ha producido en los países africanos siendo el 80% de las personas con diabetes provenientes de países con un muy reducido poder adquisitivo.

En 1996, el CDE lanzó un programa para impulsar el diagnóstico, tratamiento y control de la diabetes en Sudáfrica, programa que, pese a parecer sencillo, se encontró con un grave obstáculo, la grave escasez de endocrinos y expertos en diabetes. No sólo eso, sino que, al menos por lo que mi experiencia me ha mostrado, en la mayor parte de las ocasiones, estas personas que se encuentran por debajo del umbral de la pobreza, ni siquiera saben lo que la palabra “diabetes” conlleva.

Hace ya unos meses, y para que os hagáis a la idea, me reuní con una mujer sudafricana que trabajaba en una grandísima compañía de seguros que opera en este país. He de decir que esta mujer ni tenía estudios ni sabía mucho acerca de lo que esta enfermedad era. Conversando con ella le comenté que únicamente tenía interés en aquellas coberturas que me pudieran proveer de la mediación y materiales necesarios para el control de mi diabetes así como de la posibilidad de hacer revisiones periódicas durante el año. Cuando esta mujer descubrió que era diabética me miró con cara de tristeza. Los siento mucho me dijo, debe ser muy duro vivir con esta enfermedad y saber que, tarde o temprano, morirás. Mi absoluto asombro no le pasó desapercibido.

Le pregunté a qué se refería, diciéndole que una persona con diabetes podía vivir los mismos años y en las mismas condiciones que alguien que no padeciera la enfermedad. Pues bien, su respuesta me dejó aún más helada. En su opinión, la diabetes era la peor de las enfermedades, incluso peor que el SIDA. El desconocimiento que estas personas tienen es tal que creen que con diabetes tienes augurada una muerte segura, tras inmensos dolores por la pérdida de las extremidades… ¿impresionante verdad? ¿El problema? Aparte del desconocimiento de lo que la diabetes conlleva, el mayor problema es la imposibilidad de costear el tratamiento.

Una enfermedad que prácticamente no supone nada para alguien del primer mundo y que, sin embargo, se lleva por delante muchísimas vidas en países como Sudáfrica.

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Come back home

Como buena española en el extranjero me llegó la hora de volver a mi querido país a pasar las Navidades. No hace falta que os diga las ganas que tenía de ver a mi familia, a mis amigas y a ese perrillo pesado que se llama Simón.

No prometo actualizar esto muy a menudo hasta dentro de un mes más o menos… ¡España, allá voy! ¡Hasta pronto!