¿Quién es Alexandra?

Aparte de una de mis amigas aquí en Sudáfrica, Alexandra es un suburbio situado a las afueras de Johannesburgo que, además, es considerada una de las zonas urbanas (no penséis que se trata de una ciudad) más pobres del país. Cerca de 500.000 personas viven en este suburbio de menos de 8 kilómetros cuadrados en chozas sin ningún tipo de lujo o comodidad, construidas en chapa o ladrillo si tienen suerte, y sin electricidad o agua corriente.

El origen de Alexandra no fue, ni mucho menos, lo que hoy en día es; se fundó en 1912 con el objetivo de constituirlo como una zona blanca y se le dio el nombre de la mujer de su fundador. Por diversas razones, el objetivo no fue sino un absoluto fracaso por lo que Alexandra comenzó a convertirse en lo que actualmente es, un suburbio nativo en el que únicamente la gente más pobre habita.

Durante el apartheid, Alexandra fue uno de los pocos suburbios en los que no se trasladó a sus habitantes a distintos guetos distribuidos por el país. No obstante, su destino fue igualmente cruel: se permitió a sus habitantes continuar residiendo en esta zona únicamente porque resultaba ser un lugar muy conveniente como fuente de obra de mano ridículamente barata para servir en Johannesburgo.

Actualmente Alexandra, es una zona donde nacionales y extranjeros de raza negra y de color cohabitan en condiciones inhumanas. La criminalidad en esta zona no es únicamente hacia las personas de raza blanca (que obviamente no pisan Alexandra) sino también hacia personas del propio suburbio. Existe una gran cantidad de extranjeros (la mayor parte provenientes de Zimbabue) a los que se les acusa de la escasez de trabajo y de mujeres, aunque parezca mentira, contra los que se suceden ataques xenófobos.

Nunca antes había vivido en un país donde este tipo de cosas fueran el pan de cada día. Son personas que nada poseen y que, por su extrema pobreza, viven en unas condiciones inimaginables.

Hace unos meses un grupo de música actual escogió Alexandra como lugar para rodar el videoclip de una de sus canciones. Hoy os lo traigo para que podáis ver de lo que os estoy hablando. Sus casas, sus calles, su vida…

Nota: tened en cuenta que, pese a ser evidente, en Alexandra no están tan contentos como se ve en el vídeo

Igual os preguntáis (o igual no) el porqué de elegir, no sólo Sudáfrica como lugar de grabación de su videoclip, sino Alexandra en sí. No voy a hacer suposiciones de ningún tipo sino que me remito a lo que ellos mismos declararon.

Discutimos varios lugares donde rodar el vídeo para el single, y por el hecho de que ya habíamos estado en Sudáfrica, supimos que recibiríamos una muy buena respuesta y bienvenida allí como ya pasó la otra vez.

Solo en Sudáfrica recibirías ese tipo de energía. Pusimos un escenario en medio de la calle a las 4 de la tarde y decidimos empezar a tocar para la gente que estaba allí, y las respuesta que tuvimos fue totalmente diferente a la de cualquier otro sitio.

Fue diferente y nos abrió los ojos. Podría decirse que como un carnaval o festival. Fue algo precioso que nos transmitió muy buenas vibraciones.

Fue muy poderoso – podías sentir las emociones de la gente. Creo que esa actuación fue lo más destacado de nuestra visita a Sudáfrica. Está en el corazón de lo que estamos haciendo, se trata de contar historias.

Citas extraídas de la página web del club de fans de The Script España

Welcome to Kruger National Park (II)

¡He aquí la segunda edición de las entradas sobre el Kruger! Días atrás os comenté algunos de los datos más importantes sobre este parque. Hoy sin embargo voy a dedicarme a mostraros los maravillosos animales que pudimos ver así como a contaros un poquito más sobre ellos.

Todos conocéis a los Jackson Five ¿verdad? Pues bien, Sudáfrica tiene su propia versión de los mismos: The Big Five. Este término era, en su origen, utilizado por los cazadores furtivos, refiriéndose con el mismo a los cinco animales salvajes africanos por excelencia, los cuales no son sino el elefante, el león, el rinoceronte, el leopardo y el búfalo. Pude ver a los cinco, aunque algunos, como el leopardo, estaban bastante lejos con lo que tuve que utilizar prismáticos (y por ello no tengo fotografías de los mismos). Como no puedo mostraros los animales que no pude fotografiar, me limito a lo que mi querida cámara pudo hacer.

El elefante (Loxodonta africana)

Este grandísimo mamífero que tanto nos recuerda a nuestro querido amigo de la infancia Dumbo, fue uno de los animales que más me impresionó. Gigantesco, con una piel desgastada, arrugada y grisácea pero, sobre todo, muy muy elegante. Generalmente estos animales viven en grupos matriarcales y es que son las hembras las que adoptan la figura del líder; no obstante, puede verse a los elefantes adultos caminar tanto en grupo como en solitario. Se comunican a través de infrasonidos lo que les permite conversar entre ellos desde una distancia de varios kilómetros.

Estos animales son pacíficos en la mayor parte de las ocasiones, y digo en la mayor parte de las ocasiones ya que cuando sienten que sus crías pueden estar amenazadas se vuelven tremendamente agresivos.

Si, en el curso de tu safari, encuentras elefantes en tu camino recuerda:

  • No los sigas: pueden sentirse amenazados y atacarte. Poco importa si estás dentro de un coche, ha habido casos en el propio Kruger de ataques por parte de estos animales a transeúntes poco precavidos.
  • Respétalos, no hagas ruidos agresivos como el sonido de una bocina o el de la revolución del motor de tu vehículo.
  • No les cortes el camino, especialmente si hay varios vehículos en la vía o camino.
  • Conduce muy despacio si están cerca: recuerda lo dicho para el primer consejo.

El búfalo (Syncerus caffer)

Conocido por todos pero sin el éxito de sus compañeros. Estoy prácticamente segura de que podrás verlos ya que para sus paseos matutinos y comidas, prefieren las grandes sabanas abiertas con altas hierbas (por ello es mejor verlos en invierno, la hierba es más baja). Viven en manadas de unos 500 individuos aunque puedes verlos, al igual que los elefantes, andando solitariamente.

Esta especie de “toros sudafricanos” son considerados una de las especies más peligrosas de África ya que los búfalos adultos pueden atacar de manera imprevisible. Los mayores cuernos vistos hasta el momento tienen una longitud de hasta 1 metro y 30 centímetros con lo cual es mejor no provocarlos…

Como os he comentado, para los otros tres componentes de este grupo no tengo fotografías que mostraros de este safari. Sin embargo, para el caso de los leones me remito a las fotografías que tomé hace un mes (menos es nada ¿no?)

A pesar de que en este exclusivo club llamado The Big Five solo existan cinco miembros, no penséis que la fauna sudafricana acaba aquí. Muchísimos otros animales pueden quitarte el hipo con su belleza.

La jirafa (Giraffe camelopardalis)

Larguísimo cuello y una piel preciosa. Las vi a montones comiendo hojas tranquilamente de los más altos árboles. A pesar de su larguísimo cuello de hasta dos metros de longitud debéis saber que únicamente tiene 7 vértebras en el mismo, al igual que los seres humanos. ¿Increíble verdad?

La cebra (Equus burchelli antiquorum)

Sabía que su piel era especial, pero nunca pensé que fuera tan bonita, tan elegante. Las rayas que decoran la piel de este animal le sirven para confundir a los depredadores y esconderse, pasando desapercibida entre la maleza. En muchas ocasiones pueden verse entremezcladas con otros animales como el impala y es que ello les proporciona una mayor protección ante ataques sorpresa de otros animales como, por ejemplo, el león.

Aparte de estos animales que os he mostrado, pudimos ver otros tantos, diferentes tipos de antílopes comunes,  babuinos, cocodrilos, hipopótamos, aves de pieles y colores maravillosos… si tuviera que describir nuestra experiencia en dos palabras diría… salvaje y elegante. Tremendamente elegante.

Welcome to Kruger National Park (I)

¡Welcome to Kruger National Park!

El Parque Nacional Kruger (llamémosle Kruger por comodidad) es una inmensa reserva natural que surgió formalmente en 1926 con la unión de las reservas Singwitsi Game y Sabi Game debido a la creciente amenaza que suponían los cazadores furtivos en la zona, problema que comenzaba a ser incontrolable. Actualmente, al menos 150 especies distintas de mamíferos, 500 pájaros, 340 tipos de árboles y hasta 200 especies diferentes entre anfibios, reptiles y peces habitan en los 20.000 kilómetros cuadrados por los que se extiende esta increíble reserva (para que os hagáis una idea, tiene el tamaño de Gales).

Este parque es el favorito por los amantes de la naturaleza por los safaris tan impresionantes que pueden hacerse aquí; de hecho es uno de los más famosos, no sólo de Sudáfrica, sino de todo el continente en sí. La mejor época para verlo es durante los meses de Junio a Agosto puesto que en esa época Sudáfrica atraviesa el invierno, un invierno seco que provoca que los animales estén más activos y se acerquen a las zonas del parque donde puede encontrarse agua.

Si vais a visitarlo o, tras leer esto os entra la curiosidad, debéis saber que es una zona con riesgo de malaria. La malaria es una enfermedad transmitida por picadura de mosquito que, si bien puede eliminarse si se detecta rápidamente, es bastante grave, pudiendo causar la muerte en casos extremos. No existe vacuna para la misma, sin embargo, existe una especie de protección-vacuna, que se toma mediante pastillas. Son tremendamente efectivas y, tomándolas, el riesgo es casi inexistente. Evidentemente muchísima gente no las toma antes de ir a hacer un safari por el Kruger. Probablemente no pase nada, ya que esta medianamente controlada en esta zona; aun así yo recomiendo no correr el riesgo, sería una pena estropear tan bonito recuerdo. El precio es bastante elevado ya que debes pagar un médico que te las recete y abonar el coste de las propias pastillas. Recuerdo que yo pagué 1.230 rands sudafricanos aproximadamente, lo que equivale a unos 85 euros, entre la consulta médica y el medicamento.

Ya entrando en lo más interesante del tema, nosotros escogimos el mes de octubre para hacer este safari. El propio parque te ofrece muchas posibilidades para visitarlo, desde pasear por la reserva, un tour en sus camiones especiales para este tipo de actividades, rutas en 4×4, e incluso la opción de dormir en tiendas de campaña dentro del parque. Esta última opción supone ir acompañados por guías armados, evidentemente, ya que en este parque no existen jaulas, los animales deambulan a sus anchas y si tienen hambre y estás ahí… Mi pareja y yo optamos por la opción de hacer el safari en nuestro propio coche; es la opción más económica (8 euros por persona) y, además, hay caminos perfectamente aptos y medianamente bien asfaltados para utilizar casi cualquier tipo de coche.

En cuanto a la experiencia…indescriptible. Nunca había visto animales tan de cerca. Elefantes, cebras, leones, monos, pájaros, guepardos, impalas, rinocerontes, hipopótamos, cocodrilos. Una auténtica maravilla. Si viajáis a Sudáfrica debo deciros que es parada obligatoria.

En la próxima entrada os mostraré las mejores fotos que pude sacar dentro del Kruger, sino, esta entrada sería de todo menos corta.

St. Lucia: un paseo entre hipopótamos

St. Lucia. Minúscula, turística y salvaje. Este pequeño pueblecito de tan sólo una calle de extensión, tiene como habitantes a 500 personas, 800 hipopótamos y 1200 cocodrilos, razón por la cual es un lugar donde turistas de todas partes del mundo hacen una “obligatoria” parada.

Encapotado (como decimos en mi tierra) y diferente. Son las dos palabras que describen mi estancia en este pueblo. La primera porque, a pesar de que hace bueno 360 días al año, yo estuve allí en los restantes cinco; la segunda, por todo lo que os contaré hoy.

Prometo que no había visto llover así nunca en África (tened en cuenta que sólo llevo tres meses y medio aquí), impresionante, a cántaros, una auténtica cortina de agua. Pero, como podréis imaginaros, no habíamos conducido 7 horas de coche para quedarnos en el apartamento.

Una de las principales atracciones turísticas de la zona no es sino sus salvajes playas, en concreto la de Cabo Vidal, o Cape Vidal, para cuyo acceso es necesario entrar dentro de la Reserva Marina de Santa Lucía y recorrer durante al menos 50 minutos sus caminos. Lo que hace especial a esta ruta es que, en la reserva que os he mencionado, pueden encontrarse muchísimos animales típicamente africanos, rinocerontes, hipopótamos, impalas, cebras, etc. Una auténtica maravilla… si consigues verlos. Así como Lion Park era un lugar donde uno podía saber a ciencia cierta que iba a poder ver leones, cebras o suricatos, la reserva en cuestión no tiene nada que ver con un zoológico. Los animales andan a sus anchas por el lugar sin importarles si un turista curioso va a ir a verlos o no, razón por la cual es totalmente recomendable madrugar bastante (estar en el parque en torno a las 6:30 de la mañana) y es que es el momento en el que hace más fresquito y los animales salen a “desayunar”.

Una vez terminada la ruta, esta desemboca en una de las playas más salvajes que yo haya visto nunca, la playa de Cabo Vidal. Sin chiringuitos, restaurantes o cualquier cosa construida por el hombre. La mañana en que estuve fue particularmente ventosa y nublada por lo que pudimos ver la faceta más salvaje (aún si cabe) de esta playa tan bonita.

Realmente, cuando uno piensa en África, no se tiende a pensar en este tipo de playas, sino en leones, sabanas o tribus de colores… Lo dije en su día. Lo digo hoy. Lo diré para siempre. África es mucho más que todo eso. Es el lugar más sorprendente donde haya estado jamás.

Justo en la otra punta de pueblo, es decir, al otro lado de la única calle que lo compone, podemos encontrar otra de las atracciones turísticas por excelencia: una playa llena de dunas, con un estuario gigantesco como vecino, en la que puedes encontrarte de paseo dominguero a los hipopótamos y cocodrilos del lugar. Para llegar a ella, recorrimos una pasarela de madera elevada a un metro de la superficie ya que, tal y como rezaban los carteles, por allí podías encontrarte a los cocodrilos por lo que la mejor opción era caminar en la altura.

Mi tercer descubrimiento fue la posibilidad de hacer un crucero por el estuario del pueblo. Durante dos horas un barquito preparado para ello recorría la total extensión del estuario, acercándote hasta tan sólo un par de metros, hasta distintas familias de hipopótamos que pasaban tranquilamente la tarde en su hábitat natural. Pese a que también había cocodrilos, la capitana del barco nos contó que, en ocasiones, estos animales podían pasar hasta dos horas bajo el agua para refrescarse del calor y que, era esa la razón de que únicamente viéramos sus ojillos asomar a la superficie.

Estas dos especies conviven en este estuario generalmente de manera apacible. Digo generalmente porque hacía varios días un hipopótamo hembra había atacado a un cocodrilo por querer utilizar al bebé hipopótamo como merienda. No hace falta que diga quien ganó la batalla: los hipopótamos son la especie animal más peligrosa para el hombre de toda África, siendo culpables del mayor número de muertes humanas por ataque animal.

La Cuna de la Humanidad: Cuevas de Sterkfontein

La entrada de hoy es una entrada especial, no sólo por su contenido, sino por las personas a las que va dedicada . Mi madre, a la que quiero mucho y que se encuentra muy muy lejos de aquí, es una persona con un gran interés por la historia (tanto es así que la escogió como carrera universitaria) y aún más por el origen y la evolución del ser humano. Mi padre, al que quiero mucho y que también está muy muy lejos de aquí, estudió y sigue estudiando física pero estos temas entrarían dentro de su lista de cosas-que-me-interesan-muchísimo.

Recuerdo cuando aún era bastante niña el viaje que hicimos a Atapuerca. Yo era pequeña y lo único que veía era piedra, polvo, un guía diciendo cosas que no entendía demasiado y a mis padres absolutamente entusiasmados.

Más tarde, cuando supimos que mi próxima casa iba a ser este país, una de las cosas que me dijo mi madre fue Cataratas Victoria y Cuna de la Humanidad.

El domingo pasado nos decidimos por ir a visitar precisamente la Cuna de la Humanidad ya que es un pecado vivir a tan sólo 50 kilómetros de ella y no ir a verla. Este lugar fue designado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999 debido a los hallazgos antropológicos que allí se descubrieron. Algunos de estos descubrimientos fueron el fósil Australopithecus africanus de 2,3 millones de años, al que llamaron Mrs Ples y el esqueleto casi completo de un Australopithecus, de 3,3 millones de años de antigüedad al que pusieron el cariñoso nombre de Little Foot. Ambos hallazgos fueron hechos en las cuevas de Sterkfontein, cuevas que en la actualidad pueden visitarse (allí donde nosotros fuimos).

Llegamos a mediodía, totalmente achicharrados por el sol y es que, aunque acabemos de salir del “crudo” invierno, aquel día hacía nada más y nada menos que 32 grados. Tras comprar dos entradas para visitar el lugar, decidimos hacer tiempo hasta que llegara la hora de la visita comiendo algo en la cafetería que había allí. He de decir, como curiosidad graciosa que, aunque ninguno de nosotros somos estudiantes, decidimos echarle morro al asunto y darle a la mujer de la ventanilla nuestros DNI a modo carnet de estudiante. No hace falta que os diga que no sólo entramos con dicha condición, sino que la mujer se quedó totalmente convencida al ver nuestros fastuosos carnets universitarios de colores.

Lamentablemente la entrada de hoy no tiene fotos de calidad del interior de las cuevas. Yo lo intenté, sobre todo pensando en mis padres, ya que quería enseñarles el lugar, pero a 60 metros de profundidad y con la linterna del guía como única fuente de luz pues… es bastante complicado.

La visita fue muy entretenida y la hora que duraba se pasó bastante rápido. Nos contaron muchas cosas sobre Mrs Ples y Little Foot, vimos un estanque subterráneo y una gran cavidad con un conjunto de estalactitas y estalagmitas que, al unirse, habían creado la imagen de un elefante con sus formas.

A lo largo de la visita a las cuevas descendimos, como ya he dicho, hasta una profundidad de 60 metros y nos adentramos por túneles de tan sólo un metro de alto por uno de ancho. No penséis que aquello fue digno de dos valientes exploradores. Yo llevaba bailarinas. Otros llevaban chancletas. Y casi todas las mujeres tenían su bolso bajo el brazo.

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El único equipamiento que tuvimos que ponernos fue un casco, totalmente necesario por cierto, ya que en alguna ocasión no calculábamos bien la altura y nos chocábamos con el techo como elefantes en una cacharrería. Un grupo de gente equipada con cascos azules y naranjas, con las cámaras en las manos y mirando a todas partes (a veces viendo y a veces no viendo; la oscuridad es lo que tiene).

Sunny Durban

Hace ya tiempo que fui a Durban. Está cerquita, tiene buen clima y me encanta, me encanta, me encanta la playa.

Durban es una ciudad situada en la provincia de KwaZulu-Natal y, al mismo tiempo, dirige sus ojos hacia el impresionante Océano Índico. Tiene una población que asciende a 3,5 millones de personas, lo que la hace la tercera ciudad más grande de Sudáfrica. Aunque alrededor del 70% de su población sea negra, el 20% asiática, el 9% blanca y el restante porcentaje sea mestiza, esta ciudad costera tiene la fama de alojar a un amplísimo número de personas de raza india.

Personalmente es una ciudad que me encantó. Honestamente puede que tenga que ver el hecho de que estaba allí de vacaciones y ya se sabe que de vacaciones todo sabe mejor. Nos alojamos en un hotel pequeñito cerca del “centro” y digo centro entre comillas porque, al menos por lo que conozco de las ciudades que he visitado, realmente no existe un centro en sí mismo.

Os preguntaréis el porqué de ello; es bien sencillo. Hace tiempo, las ciudades tenían un lugar céntrico o downtown que se consideraba el núcleo importante y turístico de la ciudad que correspondiera, un sitio donde se encontraban los restaurantes famosos, las cafeterías, plazas y demás atracciones turísticas. Sin embargo, tras la abolición del apartheid muchas ciudades han perdido ese “centro” ya que se han creado nuevos puntos céntricos: el de los ricos, el de los pobres, el de los locales, el de los comercios, el de los turistas… triste, lo sé. Pero cierto.

Pero bueno, a lo que iba, que a veces me pierdo yo sola con mis pensamientos escritos. Nuestra estancia en Durban fue estupenda, relajante y… aventurera por decirlo de alguna manera…

Nuestro hotel se encontraba cerca del centro turístico, a unos 5 minutos de la playa en coche. La verdad es que la elección fue inmejorable ya que todo el personal era muy agradable y el hombre que nos recibió, Jean François, un auténtico francés del África profunda, una persona de la que sólo puedo decir cosas buenas.

La primera noche, después de picar algo en un restaurante italiano en la calle más turística de esta ciudad, fuimos a coger nuestro coche cuando, de pronto, no arrancaba. Genial, estupendo, tirados en plena noche. Pero un taxista amablemente nos prestó ayuda para poder arrancar el coche y al menos llegar al hotel.

DÍA 1

La mañana siguiente la utilizamos para ir a un taller donde nos cambiaran la batería, taller que estaba en el “centro conflictivo” por así decirlo. Pero no teníamos otra. O lo arreglábamos o no volvíamos a Johannesburgo. Así que allá que nos fuimos, yo un poco asustada pero tranquilos ya que durante el día no hay problema alguno en deambular por la zona. Pues bien, intranquila y asustada sin ninguna razón, ya en el dichoso taller, como debíamos esperar, nos recomendaron ir a tomar un café (ya sabéis, para amenizar la espera). Así, entramos en un pequeño, diminuto, minusculosísimo local regentado por un hombre árabe. Majísimo: ¿café? ¿té? ¿azúcar blanco o moreno? ¿sacarina?.

Café en mano nos dedicamos a mirar a los transeúntes. A mí todo me parecía maravilloso. La calle llena de gente, coches, puestecillos ambulantes donde podías comprar todo lo que se te ocurriera y más… Un sitio lleno de cacharros y papeles tirados por el suelo pero con una vitalidad asombrosa.

Coche arreglado. There we go. ¿Vamos a la playa? Sí. Genial. Allá vamos. Paseo marítimo ante nuestros ojos pero un viento huracanado de llevarte por delante. Bueno, pues vamos a tomar algo.

Allí conocimos a una pareja de sudafricanos de raza india que aunque nos recomendaron visitar el casino más terrible, hortera y lleno de luces y colores que hubiéramos visto nunca, fueron una compañía muy agradable resultando ser una pareja de amigos vacacionales (de esos que haces cuando visitas un nuevo lugar, que adoras con todas tus fuerzas y que, aunque prometes volver a verte, es casi remotamente imposible que suceda).

La tarde la pasamos de manera tranquila, comimos en un restaurante cerca de la playa, dimos un paseo por Umhlanga (éste es uno de los nombres maravillosos que me encanta decir Umhlanga, Umhlanga, Umhlanga… suena genial) y disfrutamos del sol africano hasta que este decidió esconderse y dejar paso a una noche bastante fresquilla.

DÍA 2

Umhlanga nos había encantado. ¿Volvemos? Por mi sí. Vale, genial. Vuelta al coche y en veinte minutillos estábamos en Bronze Beach, una de las playas más bonitas de la zona, no sin antes parar por un centro comercial para comprar un par de cervezas y una botella de agua muy fría.

Esta playa tuvo un pequeño contratiempo hace ya unos años y es que un temporal bastante importante y unas olas de tamaño considerable se comieron esta bonita playa. Actualmente ya está totalmente recuperada, sin embargo, pueden verse carteles informativos para los turistas curiosos donde se muestra con dibujos y fotografías el suceso que hoy os cuento.

Tras un día playero, regresamos al hotel donde estábamos alojados a descansar un rato y pegarnos una ducha. Uno de nuestras aficiones ocultas más vergonzosas son los karaokes así que no hace falta que os diga que, estando de vacaciones, nos decidimos por ir a uno.

Ya allí nos dimos cuenta de que el bar en cuestión, pese a estar en la zona turística, no era sino el típico pub de un gueto con los consabidos clientes habituales. Os puedo prometer que fue memorable y tremendamente divertido.

Más tarde, volvimos a Florida Road para cenar algo, y volviendo ya al coche para regresar al hotel nos paró un chico con pinta de estar ligeramente bajo los efectos del alcohol. Como tenía cara de pocos amigos, nos apresuramos calle arriba, momento en el que un “amable muchacho” (veréis por qué lo digo) nos paró a chocarnos la mano y charlar. No hace falta que os diga lo que es más que evidente, en un momento entre el primero y el segundo, nos robaron el móvil sin que nos diéramos cuenta. Visto y no visto. Ladrones de guante blanco.

Pusimos el grito en el cielo, ahora eso sí, firmo ya para que si me tienen que robar yo no me entere.

DÍA 3

Vuelta a casa con la sensación de querer más (son vacaciones, es lo suyo).

El rey de la selva

Generalmente, cuando alguien dice África lo primero que suele venírsele a uno a la cabeza es el típico sol naranja que nos muestran los documentales, el calor abrasante, el desierto del Kalahari o la rubia y fantástica melena del rey de la selva, el león. Aún queda mucho tiempo para que la costumbre de vivir en este país haga que deje de emocionarme con ver a través de mis propios ojos todas estas cosas.

Ilusionada, como una niña el día 25 de diciembre, llegué hace poco más de una semana a Lion Park. Antes de nada debo decir que el parque del que voy a hablar hoy es una miniatura y una total ridiculez si lo comparamos con otros muchos parques o reservas naturales donde puedan verse animales. No digo nada si la comparación la establecemos con el continente en sí.

Ellos mismos se definen como un lugar en el que poder conocer los animales salvajes (y no tan salvajes) que habitan en Sudáfrica. Es un sitio al que ir en familia, con amigos, en pareja o sólo, si el verdadero objetivo es ver por primera vez y sin tener que hacer mayor desplazamiento, animales como pudieran ser el león, el guepardo, la cebra, la hiena o el suricato, el cual por cierto es un animal que me hace muchísima gracia.

Este pequeño parque-zoo está dividido en varias áreas valladas de diferentes tamaños (no penséis en las jaulas de los zoológicos europeos) clasificadas en función del tipo de animal que esté en su interior. Por un lado, en la zona más extensa de todas pude ver animales herbívoros más bien inofensivos como cebras, impalas, avestruces o gacelas; os podéis imaginar la vocecilla de niña que me salió cuando vi por primera vez una cebra. Y, por vergonzoso que parezca, lo mismo me pasó al ver los suricatos (siempre he pensado que tienen una cara muy graciosa, como de no estar enterándose de nada), las jirafas y el resto de animales. Para haberme grabado.

Los leones y guepardos, aunque debería decir guepardo porque solo vi uno, están en una zona más acotada y totalmente separada de los animales herbívoros. Realmente no hay peligro alguno al ir a verlos ya que el tour lo haces en tu propio coche, hay personal fuera de las zonas donde estos animales se encuentran y, por encima de todo, el hecho de que no es una reserva natural donde los animales vivan de manera salvaje, sino que es una especie de zoo al estilo sudafricano.

Mi última gran hazaña en este lugar fue tocar a los leones, bueno leoncitos, y con los cuidadores al lado. Estaban como adormecidos por el calor y podías tocarlos sin ningún problema aunque antes de hacerlo, el staff del parque te aconsejaba cómo hacerlo para no molestar a los animales (no olvidemos que aunque sean leoncitos tienen unas zarpas tremendas).

Las pocas horas que pasé en este parque fueron suficientes para dejarme tranquila y calmar mi ilusión. Ya había visto leones. Podía dormir tranquila. Lo malo es que, al no ser el verdadero hábitat de los animales, nos ha dejado con las ganas de más.

Walter Sisulu National Botanical Gardens

El  Jardín Botánico Nacional Walter Sisulu se trata de una pequeña reserva que alberga un jardín botánico en su interior, con más de 220 especies de aves y 600 tipos de plantas, flores y árboles. Hace poco menos de una semana que estuve allí y, aparte de volver bastante tostadilla, volví aun si cabe más convencida de que vivo en un país increíble.

Realmente no se trata de un parque natural de increíbles dimensiones, con cientos de animales y maravillas de la naturaleza que no se pueden encontrar en otro lugar. Nada que ver. Este jardín botánico situado al este de Johannesburgo tiene una extensión de 30,8 kilómetros cuadrados, lo cual es una auténtica minucia si lo comparamos con el grandiosísimo Kruger (el cual, todo sea dicho, es uno de mis puntos en una lista imaginaria que denomino cosas que hacer mientras viva en Sudáfrica). No obstante, en lo que a mí respecta, lo que hace de este lugar un sitio que hay que visitar es su vegetación y lo agradable que resulta pasear por los caminos habilitados para ello.

Que yo llegase a este fantástico parque no fue sino la mayor casualidad de las casualidades y es que únicamente fui a acompañar a mi pareja a un entrenamiento de taekwondo al aire libre. Ni que decir que no me esperaba que el jardín fuese tan agradable, ni que el taekwondo fuera un deporte tan elegante (lo prometo).

Ciudad del Cabo: la ciudad del sol

La ciudad del sol. Probablemente ni sea la ciudad con el sol más brillante del globo; ni siquiera la de Sudáfrica. No obstante, lo que más ha quedado grabado en mi memoria es precisamente eso: el sol.

Ciudad del Cabo (o Cape Town), la segunda ciudad más poblada de este país y capital legislativa del mismo, se encuentra situada en la provincia Occidental del Cabo. Con una localización privilegiada es el destino favorito de los turistas, nacionales o extranjeros, de Sudáfrica, debido a sus playas, su gente y el radiante sol que la ilumina (salvo cuando desgraciadamente te toca temporada de vientos, momento en el que ya puedes agarrarte bien porque sopla de lo lindo).

Esta ciudad fue mi primer destino cuando vine a este país y, la verdad, es que es el mejor comienzo que podría haber hecho.  Me dejó maravillada, mientras la visitaba y tras haberlo hecho al poder establecer una comparación respecto del resto de las ciudades que actualmente conozco.

Creo que todos y cada uno de vosotros puede conocer la historia de esta increíble ciudad por su cuenta, por lo que, por ahora, sólo quiero contaros qué hizo que esta ciudad se quedara grabada en mi memoria.

  1. Sus calles: ¡se puede andar!

Si habéis vivido en Johannesburgo o, seguramente, en muchas otras ciudades en las que andar por las calles sea un privilegio, podréis entenderme.

Para los que no hayáis conocido nunca Johannesburgo, he de deciros que es un lugar sorprendente. Para la entrada de hoy únicamente deciros que, en primer lugar, prácticamente ningún extranjero vive allí, en lo que aquí llamamos el CBD (Central Business District), ya que esta zona, tras la abolición del apartheid se fue deteriorando, siendo hogar actualmente de aquellas personas con un poder adquisitivo nulo o escaso. Por esta razón, todos aquellos que en su momento residían en esta zona, así como la mayor parte de las empresas allí localizadas se trasladaron a Sandton, un lugar donde por aquel entonces no existía nada (y cuando digo nada digo absolutamente nada) pero donde, hoy en día, se ha creado una zona metropolitana en la que tienen su sede muchísimas empresas así como donde residen un grandísimo número de personas.

Os preguntaréis a qué viene todo esto y qué tiene que ver esta historia con Ciudad del Cabo, tema de la entrada de hoy. Pues bien, debido a esta creación acelerada de una nueva área metropolitana, Sandton se creó con una gran peculiaridad: no existen las aceras; mejor dicho, existen (escasísimas) pero nadie las utiliza para caminar.

Esta fue una de las primeras cosas que, tras conocer Johannesburgo (o Sandton mejor dicho) más me impresionó. Valoré entonces lo maravilloso que resultaba poder caminar tranquilamente y sin mayor peligro por las calles de Ciudad del Cabo; por un lado, el simple hecho de caminar por las ellas me resultaba increíble; por otro, la propia ciudad, sus mercados, sus colores, sus playas, sus infinitos cafés y restaurantes en plena calle, sus atardeceres, sus calles, todas ellas con edificios de diferentes épocas, materiales o estilos…

Resulta difícil explicar lo que se siente pudiendo hacer lo más simple y sencillo del mundo. Caminar.

  1. El sol: tiene otro color

Si ya de por sí, el sol en África ilumina con otro color, en Ciudad del Cabo esta luz es indescriptible.

Si tuviera que quedarme con una imagen, realmente no podría. Si tuviera que optar por un atardecer, sería imposible. Sólo os recomiendo que, si alguna vez se os presenta la oportunidad de volar hasta Sudáfrica, no dejéis de visitar Ciudad del Cabo, los alrededores y sus maravillosos atardeceres. Muizenberg. Camps Bay. Strand Dune Park. Constantia.

Os recomiendo alquilar un coche (si es que no habéis viajado con el propio) y recorrer la costa de la zona. Bajaos en los lugares que os llamen la atención. No importa si son conocidos o no. Ninguna guía turística del mundo puede indicaros todos los lugares increíbles y paisajes que quitan el hipo y que existen aquí.

  1. Ciudad del Cabo: la Sudáfrica turística por excelencia

Podría parecer una obviedad. Pero no lo es. Ciudad del Cabo es la ciudad más visitada por nacionales y extranjeros de todo el país. No es de extrañar si atendemos a su cálido clima mediterráneo y su geografía: grandes playas de arena blanca y montañas.

Una de las principales atracciones turísticas es Table Mountain, una especie de montaña-meseta que se encuentra en la costa, la cual no es sino una de las siete maravillas naturales del mundo. Debido a su situación geográfica, desde la cima las vistas son impresionantes: Lion’s Head al oeste, el Pico del Diablo al este y la extensión de Ciudad del Cabo a tus pies.

En nuestro caso, para visitar Table Mountain, optamos por hacer el red tour, un tour por Ciudad del Cabo en el clásico típico autobús rojo. Realmente creo que fue una idea estupenda puesto que, no sólo vimos esta montaña sino que el paseo hasta llegar a ella fue una maravilla: el centro de Ciudad del Cabo, muchas de sus playas y el completo ascenso hasta Table Mountain (a la cual terminas de acceder en el teleférico preparado para ello).

Sin embargo, pese a que Table Mountain probablemente sea  la primera imagen que veáis si tecleáis Cape Town en el buscador de Google, Ciudad del Cabo encierra muchas otras cosas merecedoras de ver.

¿Alguno de vosotros a nadado con tiburones? Yo sí. Bueno… a medias. En la costa de esta región, abundan los tiburones blancos, por lo que, uno de los días que pasamos allí, optamos por comprar uno de estos cupones que se ofertan en las páginas de descuentos con el que podíamos embarcar en un pequeño barquito que nos llevaría a una isla alrededor de la cual había tiburones. Ni deciros que, efectivamente, todos los que, a diferencia de mi, no se marearon estrepitosamente, pudieron entrar en aquella jaula que se sumergía en las aguas donde habitaban tiburones blancos de muy diversos tamaños.

A pesar de todo, si sois de aquellas personas que se marean nada más poner un pie en un barco, la experiencia de los tiburones también puede ser para vosotros. Muizenberg es la zona costera por excelencia preferida por los amantes del surf donde (otra vez), si como yo, no sois muy duchos en la materia, podéis disfrutar de las maravillosas playas y de una buena sesión de sol. Llegados a esta playa nos fijamos en un cartel que rezaba (en inglés, evidentemente) que había tiburones en a zona. Yo me lo tomé un poco a guasa pero, poco después de salir de agua, empezó a sonar una sirena bastante atronadora e, inemdiatamente, todo el mundo salió apresurado del agua. No sabíamos lo que pasaba, ya que la sirena no dejaba de sonar y un helicóptero (sí, sí, un helicóptero) sobrevolaba la playa. Queridos amigos, no subestiméis las señales que auguran tiburones. Aquella vez, aparecieron y todo parecía digno de la película Tiburón.

Los tiburones no son el único animal que podréis ver aquí. Boulders Beach forma parte del Parque Nacional Table Mountain donde pueden verse (pagando, como podréis imaginaros, una entrada por poco dinero) pingüinos. Yo no estuve, ya que hay tantísimas cosas por ver en Ciudad del Cabo que, finalmente, uno tiene que optar.

Así y todo, el turismo en Ciudad del Cabo es tal, que los nativos de esta ciudad están totalmente acostumbrados a tratar con gente de muchísimas nacionalidades (eso sí, siempre os encontraréis con el o la pesada de turno, como en todas partes).

  1. La ruta del vino

Sudáfrica es famosa por sus vinos y, en especial, la provincia Occidental del Cabo. Blancos, tintos, rosados. Dulces, ácidos, afrutados, secos, de aguja. Probadlos, apuntaos a una excursión por diferentes bodegas o haced vuestra propia ruta del vino.

Nosotros tuvimos la suerte de encontrarnos de casualidad un lugar cerca de unas viñas donde se organizaba un festival del vino. Allí había un stand de cada bodega donde podías degustar todo tipo de vinos así como otros puestos de restaurantes y tiendas de delicatesen donde comprar algo de comida y hacer un picnic.

Podría seguir escribiendo ya que tengo mil cosas que contar, recomendar y recordar. No obstante no quiero aburrir a nadie. Viajad y vedlo con vuestros propios ojos. Dejaos conquistar por esta increíble ciudad.