American zero, South African hero

Una historia tan real como razonablemente imposible. La historia del hombre que no siendo nadie en América, se convirtió sin saberlo en un héroe para sudafricanos de todos los colores. El hombre que sin quererlo fue el icono de una época convulsa en el sur de continente africano. Un héroe y al mismo tiempo un desconocido. Sixto Rodríguez, Sugar Man… llamémosle X.

Detroit, finales de los años 60. Dennis Coffey y Mike Theodore, escuchaban atentos a un desconocido en un bar perdido en una de las múltiples zonas obreras de la ciudad. Era la época en la que el cigarro no era sino aquello que provocaba que, en un remoto bar llamado The Sewer, el humo se disfrazara de esa niebla que baila entre las tenues luces. Rodríguez rasgaba las cuerdas de su guitarra, entonando una melodía que a todos pasaba desapercibida. Mas no a Coffey y Theodore.

Por suerte o desgracia, aquella tarde oscura fue el momento en el que todo comenzó. Tras aquel contacto, ambos productores musicales convencieron a Rodríguez, para grabar un disco, Cold Fact, que pese a las grandes expectativas no tuvo éxito alguno. Coming from reality fue su segundo álbum. Gran voz, vibrante música, rotundo fracaso… Así llego el fin de esta nueva estrella, que se apagó antes siquiera de que alguien viera su luz.

La historia cuenta que una copia de su álbum llegó a Sudáfrica de la mano de una joven americana que visitó este país aislado de la comunidad internacional debido a su política de segregación racial. De ahí en adelante, el éxito se disparó. Sus letras se interpretaron como un grito anti apartheid, su voz conquistó los oídos de todos aquellos que escuchaban su música y el misterio de quién se escondía bajo el nombre de Rodríguez consiguió hacerse hueco en el subconsciente de los cada vez más numerosos seguidores que este americano de origen humilde.

¿Quién era Rodríguez? La incógnita era tal que comenzó a extenderse el rumor de que había perdido la vida tras suicidarse inmolándose en un escenario. ¿O quizás se había pegado un tiro? Aquel hombre más valorado que Elvis Presley o los Beatles encerraba el gran misterio de la historia musical sudafricana.

Agosto de 1997, Craig Bartholomew Strydom impulsado por aquel gran misterio comenzó a analizar las canciones de Rodríguez, en busca de alguna referencia al lugar de donde éste pudiera provenir. Ni Ámsterdam, ni Londres. Nada.

Millas en la carretera, Craig escucha una de las canciones de Rodríguez. I met girl in Dearborn. Early six o’clock this morn. Dearborn… ¿Un atisbo de luz? Pronto descubriría que Dearborn se encontraba a escasa distancia de Detroit. Un descubrimiento tras otro le hizo contactar con Mike Theodore, el que había sido co-productor del primer álbum del misterioso artista.

Extracto de una conversación telefónica entre Strydom y Theodore:

¿Sabes que Rodríguez ha estado vendiendo discos en Sudáfrica durante 25 años? Ha vendido millones de copias

¿Qué?

Así se sucedió, utilizando las palabras que Strydom utilizaría posteriormente ante las cámaras, una montaña rusa de preguntas y respuestas. Una conversación que, al mismo tiempo que saciaba la curiosidad de este sudafricano amante de las canciones de Rodríguez, supuso la chispa que encendió una mecha de éxito para nuestro artista.

¿Cómo murió Rodríguez? ¿Se suicidó en el escenario? ¿Cuál es la dramática historia?

¿Qué quieres decir con muerto? Sixto no está muerto. Está vivo. Vivito y coleando. El artista conocido como Sixto Rodríguez esta vivito y coleando. Y vive en Detroit.

El 2 de marzo de 1998 Rodríguez pisó por primera vez Sudáfrica. Conciertos multitudinarios. Euforia por conocer lo que se pensaba que había desaparecido para siempre. Sixto Rodríguez volvió a Sudáfrica cuatro veces más, y actuó en más de 30 conciertos. La mayor parte de los beneficios que obtuvo los compartió con su familia y amigos. Rodríguez aún vive en un suburbio de Detroit. En la misma casa donde vivió durante 40 años.

Esta es la historia más increíble jamás contada.

A continuación os incluyo el documental Searching for Sugar Man. Para aquellos a los que les haya picado la curiosidad. Precioso. Para aquellos que prefiráis verlo en castellano, hay subtítulos disponibles. Lo único que debéis hacer es hacer click en el dibujo que representa una rueda de engranaje y donde indica”subtítulos” seleccionar la opción “español”.

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¿Quién es Alexandra?

Aparte de una de mis amigas aquí en Sudáfrica, Alexandra es un suburbio situado a las afueras de Johannesburgo que, además, es considerada una de las zonas urbanas (no penséis que se trata de una ciudad) más pobres del país. Cerca de 500.000 personas viven en este suburbio de menos de 8 kilómetros cuadrados en chozas sin ningún tipo de lujo o comodidad, construidas en chapa o ladrillo si tienen suerte, y sin electricidad o agua corriente.

El origen de Alexandra no fue, ni mucho menos, lo que hoy en día es; se fundó en 1912 con el objetivo de constituirlo como una zona blanca y se le dio el nombre de la mujer de su fundador. Por diversas razones, el objetivo no fue sino un absoluto fracaso por lo que Alexandra comenzó a convertirse en lo que actualmente es, un suburbio nativo en el que únicamente la gente más pobre habita.

Durante el apartheid, Alexandra fue uno de los pocos suburbios en los que no se trasladó a sus habitantes a distintos guetos distribuidos por el país. No obstante, su destino fue igualmente cruel: se permitió a sus habitantes continuar residiendo en esta zona únicamente porque resultaba ser un lugar muy conveniente como fuente de obra de mano ridículamente barata para servir en Johannesburgo.

Actualmente Alexandra, es una zona donde nacionales y extranjeros de raza negra y de color cohabitan en condiciones inhumanas. La criminalidad en esta zona no es únicamente hacia las personas de raza blanca (que obviamente no pisan Alexandra) sino también hacia personas del propio suburbio. Existe una gran cantidad de extranjeros (la mayor parte provenientes de Zimbabue) a los que se les acusa de la escasez de trabajo y de mujeres, aunque parezca mentira, contra los que se suceden ataques xenófobos.

Nunca antes había vivido en un país donde este tipo de cosas fueran el pan de cada día. Son personas que nada poseen y que, por su extrema pobreza, viven en unas condiciones inimaginables.

Hace unos meses un grupo de música actual escogió Alexandra como lugar para rodar el videoclip de una de sus canciones. Hoy os lo traigo para que podáis ver de lo que os estoy hablando. Sus casas, sus calles, su vida…

Nota: tened en cuenta que, pese a ser evidente, en Alexandra no están tan contentos como se ve en el vídeo

Igual os preguntáis (o igual no) el porqué de elegir, no sólo Sudáfrica como lugar de grabación de su videoclip, sino Alexandra en sí. No voy a hacer suposiciones de ningún tipo sino que me remito a lo que ellos mismos declararon.

Discutimos varios lugares donde rodar el vídeo para el single, y por el hecho de que ya habíamos estado en Sudáfrica, supimos que recibiríamos una muy buena respuesta y bienvenida allí como ya pasó la otra vez.

Solo en Sudáfrica recibirías ese tipo de energía. Pusimos un escenario en medio de la calle a las 4 de la tarde y decidimos empezar a tocar para la gente que estaba allí, y las respuesta que tuvimos fue totalmente diferente a la de cualquier otro sitio.

Fue diferente y nos abrió los ojos. Podría decirse que como un carnaval o festival. Fue algo precioso que nos transmitió muy buenas vibraciones.

Fue muy poderoso – podías sentir las emociones de la gente. Creo que esa actuación fue lo más destacado de nuestra visita a Sudáfrica. Está en el corazón de lo que estamos haciendo, se trata de contar historias.

Citas extraídas de la página web del club de fans de The Script España

Mamá África

La mamá de África. No lo digo yo, lo dicen ellos.

Miriam Makeba fue una aclamada cantante sudafricana nacida en los años 30 que, al mismo tiempo, fue y sigue siendo uno de los iconos del movimiento anti apartheid. Sus primeros pinitos en el mundo de la música los hizo aquí, en Sudáfrica, concretamente en un suburbio de Johannesburgo llamado Sophiatown. Vocalista en el grupo Manhattan Brothers y fundadora del grupo femenino The Skylarks, fue fichada por el cineasta estadounidense Lionel Rogosin para participar en Come back, Africa, un documental sobre el apartheid que tuvo gran éxito en el Festival Internacional de Cine de Venecia. Este no fue sino el inicio de su éxito internacional, éxito que le permitió conocer mundo y, asimismo, dar a conocer al mundo su música.

Años más tarde, tras la muerte de su madre, Miriam Makeba trató de regresar a su país con el objeto de asistir al funeral de la misma, momento en el que se percató de que se le había negado el pasaporte sudafricano. Así comenzó el exilio de esta famosísima cantante sudafricana, exilio que duró nada más y nada menos que 30 años.

En 1963, Makeba denunció la terrible situación que se sucedía en su país natal ante la Asamblea General de las Naciones Unidas lo cual provocó que el gobierno sudafricano prohibiera la difusión de sus canciones en dicho país. No obstante, ello no obstó para que figuras internacionales como John Fitzgerald Kennedy o Nelson Mandela (tras su liberación, evidentemente) la consideraran no sólo como un icono, sino como una gran artista.

Fue en diciembre de 1990 cuando Mamá África volvió a pisar su tierra natal. Recitales, un musical, la Gira de la Esperanza, numerosos premios, la creación de una organización para recaudar fondos para la protección de las mujeres sudafricanas y la superación, a los 33 años, de un cáncer cervical. Desde luego, no cabe duda de que Miriam Makeba fue un símbolo de mujer luchadora que, a pesar de las circunstancias que rodearon su vida, se mantuvo firme  en lo que a sus ideales se refiere y regresó con los brazos abiertos al lugar de donde, un día, fue expulsada.

Su absoluto éxito internacional Pata pata suena casi a diario en la radio de mi coche. Es una canción preciosa, alegre y divertida. Por lo menos a mí me saca unos sutiles bailecillos cuando la oigo.

Las imágenes de esta entrada, como podréis imaginaros, no son mías. No obstante no tienen copyright y son de difusión libre.

South Africa on the road

La N3 es una carretera que une Johannesburgo y Durban y que, al mismo tiempo, atraviesa las zonas de Gauteng, KwaZulu-Natal,  Mpumalanga y Free State.

Probablemente existan muchísimas otras rutas con vistas y paisajes que quiten el hipo a cualquier extranjero. No obstante, esta vez fue la primera en la que, estando de copiloto, me dedique a admirar los colores, las llanuras, los horizontes, la vegetación (escasa) y las lomas y montañas que decoraban el paisaje.

Sudáfrica tiene una geografía distinta dependiendo de la zona en que te encuentres. Así y todo, es un país…basto diría yo. Vasto en el sentido de grandísimas llanuras, con apenas un par de lomas, tres pares de arbolillos solitarios y ganado pastando tranquilamente. Vasto porque el sol abrasa todo lo que hay bajo su inexistente sombra. Vasto porque soy incapaz de encontrar otra palabra. Vasto. Pero maravilloso.

El vídeo (así como todas las imágenes publicadas en este blog) es creación propia. La canción (aunque me encantaría tener una buena voz) lamentablemente no es mía: John Newman – Losing sleep

Ciudad del Cabo: la ciudad del sol

La ciudad del sol. Probablemente ni sea la ciudad con el sol más brillante del globo; ni siquiera la de Sudáfrica. No obstante, lo que más ha quedado grabado en mi memoria es precisamente eso: el sol.

Ciudad del Cabo (o Cape Town), la segunda ciudad más poblada de este país y capital legislativa del mismo, se encuentra situada en la provincia Occidental del Cabo. Con una localización privilegiada es el destino favorito de los turistas, nacionales o extranjeros, de Sudáfrica, debido a sus playas, su gente y el radiante sol que la ilumina (salvo cuando desgraciadamente te toca temporada de vientos, momento en el que ya puedes agarrarte bien porque sopla de lo lindo).

Esta ciudad fue mi primer destino cuando vine a este país y, la verdad, es que es el mejor comienzo que podría haber hecho.  Me dejó maravillada, mientras la visitaba y tras haberlo hecho al poder establecer una comparación respecto del resto de las ciudades que actualmente conozco.

Creo que todos y cada uno de vosotros puede conocer la historia de esta increíble ciudad por su cuenta, por lo que, por ahora, sólo quiero contaros qué hizo que esta ciudad se quedara grabada en mi memoria.

  1. Sus calles: ¡se puede andar!

Si habéis vivido en Johannesburgo o, seguramente, en muchas otras ciudades en las que andar por las calles sea un privilegio, podréis entenderme.

Para los que no hayáis conocido nunca Johannesburgo, he de deciros que es un lugar sorprendente. Para la entrada de hoy únicamente deciros que, en primer lugar, prácticamente ningún extranjero vive allí, en lo que aquí llamamos el CBD (Central Business District), ya que esta zona, tras la abolición del apartheid se fue deteriorando, siendo hogar actualmente de aquellas personas con un poder adquisitivo nulo o escaso. Por esta razón, todos aquellos que en su momento residían en esta zona, así como la mayor parte de las empresas allí localizadas se trasladaron a Sandton, un lugar donde por aquel entonces no existía nada (y cuando digo nada digo absolutamente nada) pero donde, hoy en día, se ha creado una zona metropolitana en la que tienen su sede muchísimas empresas así como donde residen un grandísimo número de personas.

Os preguntaréis a qué viene todo esto y qué tiene que ver esta historia con Ciudad del Cabo, tema de la entrada de hoy. Pues bien, debido a esta creación acelerada de una nueva área metropolitana, Sandton se creó con una gran peculiaridad: no existen las aceras; mejor dicho, existen (escasísimas) pero nadie las utiliza para caminar.

Esta fue una de las primeras cosas que, tras conocer Johannesburgo (o Sandton mejor dicho) más me impresionó. Valoré entonces lo maravilloso que resultaba poder caminar tranquilamente y sin mayor peligro por las calles de Ciudad del Cabo; por un lado, el simple hecho de caminar por las ellas me resultaba increíble; por otro, la propia ciudad, sus mercados, sus colores, sus playas, sus infinitos cafés y restaurantes en plena calle, sus atardeceres, sus calles, todas ellas con edificios de diferentes épocas, materiales o estilos…

Resulta difícil explicar lo que se siente pudiendo hacer lo más simple y sencillo del mundo. Caminar.

  1. El sol: tiene otro color

Si ya de por sí, el sol en África ilumina con otro color, en Ciudad del Cabo esta luz es indescriptible.

Si tuviera que quedarme con una imagen, realmente no podría. Si tuviera que optar por un atardecer, sería imposible. Sólo os recomiendo que, si alguna vez se os presenta la oportunidad de volar hasta Sudáfrica, no dejéis de visitar Ciudad del Cabo, los alrededores y sus maravillosos atardeceres. Muizenberg. Camps Bay. Strand Dune Park. Constantia.

Os recomiendo alquilar un coche (si es que no habéis viajado con el propio) y recorrer la costa de la zona. Bajaos en los lugares que os llamen la atención. No importa si son conocidos o no. Ninguna guía turística del mundo puede indicaros todos los lugares increíbles y paisajes que quitan el hipo y que existen aquí.

  1. Ciudad del Cabo: la Sudáfrica turística por excelencia

Podría parecer una obviedad. Pero no lo es. Ciudad del Cabo es la ciudad más visitada por nacionales y extranjeros de todo el país. No es de extrañar si atendemos a su cálido clima mediterráneo y su geografía: grandes playas de arena blanca y montañas.

Una de las principales atracciones turísticas es Table Mountain, una especie de montaña-meseta que se encuentra en la costa, la cual no es sino una de las siete maravillas naturales del mundo. Debido a su situación geográfica, desde la cima las vistas son impresionantes: Lion’s Head al oeste, el Pico del Diablo al este y la extensión de Ciudad del Cabo a tus pies.

En nuestro caso, para visitar Table Mountain, optamos por hacer el red tour, un tour por Ciudad del Cabo en el clásico típico autobús rojo. Realmente creo que fue una idea estupenda puesto que, no sólo vimos esta montaña sino que el paseo hasta llegar a ella fue una maravilla: el centro de Ciudad del Cabo, muchas de sus playas y el completo ascenso hasta Table Mountain (a la cual terminas de acceder en el teleférico preparado para ello).

Sin embargo, pese a que Table Mountain probablemente sea  la primera imagen que veáis si tecleáis Cape Town en el buscador de Google, Ciudad del Cabo encierra muchas otras cosas merecedoras de ver.

¿Alguno de vosotros a nadado con tiburones? Yo sí. Bueno… a medias. En la costa de esta región, abundan los tiburones blancos, por lo que, uno de los días que pasamos allí, optamos por comprar uno de estos cupones que se ofertan en las páginas de descuentos con el que podíamos embarcar en un pequeño barquito que nos llevaría a una isla alrededor de la cual había tiburones. Ni deciros que, efectivamente, todos los que, a diferencia de mi, no se marearon estrepitosamente, pudieron entrar en aquella jaula que se sumergía en las aguas donde habitaban tiburones blancos de muy diversos tamaños.

A pesar de todo, si sois de aquellas personas que se marean nada más poner un pie en un barco, la experiencia de los tiburones también puede ser para vosotros. Muizenberg es la zona costera por excelencia preferida por los amantes del surf donde (otra vez), si como yo, no sois muy duchos en la materia, podéis disfrutar de las maravillosas playas y de una buena sesión de sol. Llegados a esta playa nos fijamos en un cartel que rezaba (en inglés, evidentemente) que había tiburones en a zona. Yo me lo tomé un poco a guasa pero, poco después de salir de agua, empezó a sonar una sirena bastante atronadora e, inemdiatamente, todo el mundo salió apresurado del agua. No sabíamos lo que pasaba, ya que la sirena no dejaba de sonar y un helicóptero (sí, sí, un helicóptero) sobrevolaba la playa. Queridos amigos, no subestiméis las señales que auguran tiburones. Aquella vez, aparecieron y todo parecía digno de la película Tiburón.

Los tiburones no son el único animal que podréis ver aquí. Boulders Beach forma parte del Parque Nacional Table Mountain donde pueden verse (pagando, como podréis imaginaros, una entrada por poco dinero) pingüinos. Yo no estuve, ya que hay tantísimas cosas por ver en Ciudad del Cabo que, finalmente, uno tiene que optar.

Así y todo, el turismo en Ciudad del Cabo es tal, que los nativos de esta ciudad están totalmente acostumbrados a tratar con gente de muchísimas nacionalidades (eso sí, siempre os encontraréis con el o la pesada de turno, como en todas partes).

  1. La ruta del vino

Sudáfrica es famosa por sus vinos y, en especial, la provincia Occidental del Cabo. Blancos, tintos, rosados. Dulces, ácidos, afrutados, secos, de aguja. Probadlos, apuntaos a una excursión por diferentes bodegas o haced vuestra propia ruta del vino.

Nosotros tuvimos la suerte de encontrarnos de casualidad un lugar cerca de unas viñas donde se organizaba un festival del vino. Allí había un stand de cada bodega donde podías degustar todo tipo de vinos así como otros puestos de restaurantes y tiendas de delicatesen donde comprar algo de comida y hacer un picnic.

Podría seguir escribiendo ya que tengo mil cosas que contar, recomendar y recordar. No obstante no quiero aburrir a nadie. Viajad y vedlo con vuestros propios ojos. Dejaos conquistar por esta increíble ciudad.

Curiosidades fascinantes (I): ¿Cómo saludar en Sudáfrica?

Como ya comenté en su día, vivir en otro país supone cohabitar con una cultura distinta y al mismo tiempo con costumbres del todo desconocidas para el extranjero. Evidentemente, en un país multicultural y multirracial como es Sudáfrica, esto también ocurre. Sin embargo, el objetivo de esta entrada no es tanto describir las costumbres sudafricanas, sino contaros un suceso extraño con el que aprendí una de las costumbres de este país.

¿Cómo saludarías a un completo desconocido?

En España, probablemente comenzaríamos la conversación con un sencillo buenos días, ¿podría indicarme…?. En Suecia, la costumbre pasa por tutear a la persona desconocida a la que nos dirigimos, incluso si ésta pertenece a la autoridad o si es una persona anciana. Pues bien, en Sudáfrica nada que ver.

Os voy a contar lo que me pasó la primera vez que pisé este país. Llegué a uno de los aeropuertos de Johannesburgo, O.R. Tambo, sabiendo que para llegar a la casa donde iba a vivir tenía que coger uno de estos trenes bala que comunican muchos aeropuertos con sus correspondientes ciudades. Como ya he dicho, era la primera vez que viajaba a Sudáfrica por lo que educadamente me dirigí a un hombre que pertenecía al personal del aeropuerto en cuestión

  • Good morning sir, could you please tell me where can I catch the Gautrain? (Buenos días señor, ¿podría decirme, por favor, dónde debo coger el Gautrain? (este es el nombre del tren bala que he mencionado antes))

Como respuesta a mi educada pregunta según la cultura española no recibí más que una cara de perro y una mirada que sólo me deseaba lo peor. Yo, sorprendida, pensé que me había topado justamente con el hombre más antipático y estúpido del planeta.

  • I’m fine thank you, and yourself? How are you? (Estoy bien gracias, ¿y tú? ¿Cómo estás?)
  • Ehmmmmm, I’m fine thanks (Ehmmmmmm, bien gracias)

Inmediatamente después se dio la vuelta y me ignoró como si fuera una cucaracha coja. Encontré el tren correspondiente, aunque eso ya  no importa para nuestra historia. Una vez ya instalada, le conté  a mi pareja lo que me había pasado, aún sorprendida de lo absolutamente estúpido que era el hombre con quien había hablado (estúpido desde mi mente española).

Pues bien, resulta que en Sudáfrica es costumbre que, saludes a quien saludes, sea un dependiente, un camarero, un agente de bolsa, tu jefe e incluso un vagabundo, debes hacerlo de la siguiente manera, pues lo contrario supone una falta de educación bastante grave (por lo que parece).

  • Good morning sir/madam, how are you? (Buenos días señor/señora, ¿cámo está?)
  • I’m fine thank you, and yourself? (Estoy bien gracias, ¿y tú?)
  • I’m fine thank you (Estoy bien gracias)

Y ya empieza la conversación.

Sudáfrica a vista de pájaro

Si ésta fuera una entrada que recogiese todos los datos habidos y por haber de este increíble país, probablemente no existiría tal entrada. Por ello he optado por pegar un grandísimo salto y contaros qué, quién y cuánto se puede ver desde allá arriba.

Sudáfrica, conocida oficialmente como la República de Sudáfrica, es un país con una extensión de 1.219.090 kilómetros cuadrados (más del doble que la de España, mi querido país natal), y que acoge en su interior a más de  52.981.991 habitantes censados (a diciembre de 2013). Imaginaos la inmensa cantidad de paisajes, gentes y colores que podéis encontrar… De hecho, este país es conocido por la diversidad de culturas, idiomas, religiones y nacionalidades que cohabitan.

A nadie se le escapa el terrible pasado que precede a esta tierra, y es que durante 42 años aproximadamente (hasta 1992, último año en el cual únicamente votaron las personas de raza blanca) este país fue gobernado a través de un sistema de segregación racial denominado apartheid, el cual toma el nombre del afrikáans, lengua fruto de la evolución del idioma hablado por los colonos holandeses.

Ello provocó, que en aquel momento de dominio blanco, una gran cantidad de extranjeros emigraran a Sudáfrica. Así y todo, actualmente casi el 80% de la población es negra, dividiéndose el restante por ciento en personas de raza blanca (alrededor del 10%), asiática e hindú (2%) y mestiza (8%). Un dato muy curioso respecto a  la distribución de razas en la actualidad es que, a pesar de la abolición del apartheid, se sigue utilizando la raza como método de distinción de la población. A título de ejemplo, en determinadas empresas que operan de cara al público, se realiza una clasificación de los clientes en función del color de su piel (negro, blanco, indio, de color y ”otros”), hecho que suele suscitar tensiones y sensación de real división entre el personal.

Continuando con nuestra visión desde lo más alto del firmamento, podemos ver a todas estas personas, sudafricanas y extranjeras, en su día a día aquí, en Sudáfrica. Como habréis podido adivinar o ya sabréis por conocimiento previo, las diferencias entre la población son extremas ya que el poder adquisitivo de los habitantes de este país está totalmente polarizado. Por un lado, encontramos como la mayor parte de la población (mayoritariamente de raza negra y nacionales de Sudáfrica o países como Zimbabwe o Mozambique) viven en zonas marginales o guetos, donde no existe el agua corriente y la corriente eléctrica apenas es un bien del que puedan disfrutar. Por otro lado aquellas personas de raza blanca o provenientes de países del continente asiático viven en lo que a mí me gusta llamar una “burbuja de oro”, en urbanizaciones con alta seguridad privada e instalaciones de todo tipo, rodeados por los mayores centros comerciales y, finalmente, realizando una vida totalmente de primer mundo por un precio considerablemente menor al de la vida en los países desarrollados.

Imaginad, después de todo esto, el contraste que provoca que exista un sistema de gobierno llevado por personas de raza negra en el cual el verdadero poder adquisitivo está en manos de las restantes razas.

Al margen de todo ello, desde aquí arriba se tiene una perspectiva impresionante del paisaje. Sudáfrica, por su condición de país costero, deleita a la vista con las playas más impresionantes en Ciudad del Cabo o Durban por ejemplo; no obstante, con una gran meseta de altitud superior a 1200 metros flanqueada por el sistema montañoso del Drakensberg, este país tiene también el paisaje característico de zonas montañosas

Sudáfrica, el país de la libertad y la democracia, como lo llaman aquí. Freedom, freedom, 20 years of democracy. Lo cierto es que nada es lo que parece.