Welcome to Kruger National Park (II)

¡He aquí la segunda edición de las entradas sobre el Kruger! Días atrás os comenté algunos de los datos más importantes sobre este parque. Hoy sin embargo voy a dedicarme a mostraros los maravillosos animales que pudimos ver así como a contaros un poquito más sobre ellos.

Todos conocéis a los Jackson Five ¿verdad? Pues bien, Sudáfrica tiene su propia versión de los mismos: The Big Five. Este término era, en su origen, utilizado por los cazadores furtivos, refiriéndose con el mismo a los cinco animales salvajes africanos por excelencia, los cuales no son sino el elefante, el león, el rinoceronte, el leopardo y el búfalo. Pude ver a los cinco, aunque algunos, como el leopardo, estaban bastante lejos con lo que tuve que utilizar prismáticos (y por ello no tengo fotografías de los mismos). Como no puedo mostraros los animales que no pude fotografiar, me limito a lo que mi querida cámara pudo hacer.

El elefante (Loxodonta africana)

Este grandísimo mamífero que tanto nos recuerda a nuestro querido amigo de la infancia Dumbo, fue uno de los animales que más me impresionó. Gigantesco, con una piel desgastada, arrugada y grisácea pero, sobre todo, muy muy elegante. Generalmente estos animales viven en grupos matriarcales y es que son las hembras las que adoptan la figura del líder; no obstante, puede verse a los elefantes adultos caminar tanto en grupo como en solitario. Se comunican a través de infrasonidos lo que les permite conversar entre ellos desde una distancia de varios kilómetros.

Estos animales son pacíficos en la mayor parte de las ocasiones, y digo en la mayor parte de las ocasiones ya que cuando sienten que sus crías pueden estar amenazadas se vuelven tremendamente agresivos.

Si, en el curso de tu safari, encuentras elefantes en tu camino recuerda:

  • No los sigas: pueden sentirse amenazados y atacarte. Poco importa si estás dentro de un coche, ha habido casos en el propio Kruger de ataques por parte de estos animales a transeúntes poco precavidos.
  • Respétalos, no hagas ruidos agresivos como el sonido de una bocina o el de la revolución del motor de tu vehículo.
  • No les cortes el camino, especialmente si hay varios vehículos en la vía o camino.
  • Conduce muy despacio si están cerca: recuerda lo dicho para el primer consejo.

El búfalo (Syncerus caffer)

Conocido por todos pero sin el éxito de sus compañeros. Estoy prácticamente segura de que podrás verlos ya que para sus paseos matutinos y comidas, prefieren las grandes sabanas abiertas con altas hierbas (por ello es mejor verlos en invierno, la hierba es más baja). Viven en manadas de unos 500 individuos aunque puedes verlos, al igual que los elefantes, andando solitariamente.

Esta especie de “toros sudafricanos” son considerados una de las especies más peligrosas de África ya que los búfalos adultos pueden atacar de manera imprevisible. Los mayores cuernos vistos hasta el momento tienen una longitud de hasta 1 metro y 30 centímetros con lo cual es mejor no provocarlos…

Como os he comentado, para los otros tres componentes de este grupo no tengo fotografías que mostraros de este safari. Sin embargo, para el caso de los leones me remito a las fotografías que tomé hace un mes (menos es nada ¿no?)

A pesar de que en este exclusivo club llamado The Big Five solo existan cinco miembros, no penséis que la fauna sudafricana acaba aquí. Muchísimos otros animales pueden quitarte el hipo con su belleza.

La jirafa (Giraffe camelopardalis)

Larguísimo cuello y una piel preciosa. Las vi a montones comiendo hojas tranquilamente de los más altos árboles. A pesar de su larguísimo cuello de hasta dos metros de longitud debéis saber que únicamente tiene 7 vértebras en el mismo, al igual que los seres humanos. ¿Increíble verdad?

La cebra (Equus burchelli antiquorum)

Sabía que su piel era especial, pero nunca pensé que fuera tan bonita, tan elegante. Las rayas que decoran la piel de este animal le sirven para confundir a los depredadores y esconderse, pasando desapercibida entre la maleza. En muchas ocasiones pueden verse entremezcladas con otros animales como el impala y es que ello les proporciona una mayor protección ante ataques sorpresa de otros animales como, por ejemplo, el león.

Aparte de estos animales que os he mostrado, pudimos ver otros tantos, diferentes tipos de antílopes comunes,  babuinos, cocodrilos, hipopótamos, aves de pieles y colores maravillosos… si tuviera que describir nuestra experiencia en dos palabras diría… salvaje y elegante. Tremendamente elegante.

Welcome to Kruger National Park (I)

¡Welcome to Kruger National Park!

El Parque Nacional Kruger (llamémosle Kruger por comodidad) es una inmensa reserva natural que surgió formalmente en 1926 con la unión de las reservas Singwitsi Game y Sabi Game debido a la creciente amenaza que suponían los cazadores furtivos en la zona, problema que comenzaba a ser incontrolable. Actualmente, al menos 150 especies distintas de mamíferos, 500 pájaros, 340 tipos de árboles y hasta 200 especies diferentes entre anfibios, reptiles y peces habitan en los 20.000 kilómetros cuadrados por los que se extiende esta increíble reserva (para que os hagáis una idea, tiene el tamaño de Gales).

Este parque es el favorito por los amantes de la naturaleza por los safaris tan impresionantes que pueden hacerse aquí; de hecho es uno de los más famosos, no sólo de Sudáfrica, sino de todo el continente en sí. La mejor época para verlo es durante los meses de Junio a Agosto puesto que en esa época Sudáfrica atraviesa el invierno, un invierno seco que provoca que los animales estén más activos y se acerquen a las zonas del parque donde puede encontrarse agua.

Si vais a visitarlo o, tras leer esto os entra la curiosidad, debéis saber que es una zona con riesgo de malaria. La malaria es una enfermedad transmitida por picadura de mosquito que, si bien puede eliminarse si se detecta rápidamente, es bastante grave, pudiendo causar la muerte en casos extremos. No existe vacuna para la misma, sin embargo, existe una especie de protección-vacuna, que se toma mediante pastillas. Son tremendamente efectivas y, tomándolas, el riesgo es casi inexistente. Evidentemente muchísima gente no las toma antes de ir a hacer un safari por el Kruger. Probablemente no pase nada, ya que esta medianamente controlada en esta zona; aun así yo recomiendo no correr el riesgo, sería una pena estropear tan bonito recuerdo. El precio es bastante elevado ya que debes pagar un médico que te las recete y abonar el coste de las propias pastillas. Recuerdo que yo pagué 1.230 rands sudafricanos aproximadamente, lo que equivale a unos 85 euros, entre la consulta médica y el medicamento.

Ya entrando en lo más interesante del tema, nosotros escogimos el mes de octubre para hacer este safari. El propio parque te ofrece muchas posibilidades para visitarlo, desde pasear por la reserva, un tour en sus camiones especiales para este tipo de actividades, rutas en 4×4, e incluso la opción de dormir en tiendas de campaña dentro del parque. Esta última opción supone ir acompañados por guías armados, evidentemente, ya que en este parque no existen jaulas, los animales deambulan a sus anchas y si tienen hambre y estás ahí… Mi pareja y yo optamos por la opción de hacer el safari en nuestro propio coche; es la opción más económica (8 euros por persona) y, además, hay caminos perfectamente aptos y medianamente bien asfaltados para utilizar casi cualquier tipo de coche.

En cuanto a la experiencia…indescriptible. Nunca había visto animales tan de cerca. Elefantes, cebras, leones, monos, pájaros, guepardos, impalas, rinocerontes, hipopótamos, cocodrilos. Una auténtica maravilla. Si viajáis a Sudáfrica debo deciros que es parada obligatoria.

En la próxima entrada os mostraré las mejores fotos que pude sacar dentro del Kruger, sino, esta entrada sería de todo menos corta.

St. Lucia: un paseo entre hipopótamos

St. Lucia. Minúscula, turística y salvaje. Este pequeño pueblecito de tan sólo una calle de extensión, tiene como habitantes a 500 personas, 800 hipopótamos y 1200 cocodrilos, razón por la cual es un lugar donde turistas de todas partes del mundo hacen una “obligatoria” parada.

Encapotado (como decimos en mi tierra) y diferente. Son las dos palabras que describen mi estancia en este pueblo. La primera porque, a pesar de que hace bueno 360 días al año, yo estuve allí en los restantes cinco; la segunda, por todo lo que os contaré hoy.

Prometo que no había visto llover así nunca en África (tened en cuenta que sólo llevo tres meses y medio aquí), impresionante, a cántaros, una auténtica cortina de agua. Pero, como podréis imaginaros, no habíamos conducido 7 horas de coche para quedarnos en el apartamento.

Una de las principales atracciones turísticas de la zona no es sino sus salvajes playas, en concreto la de Cabo Vidal, o Cape Vidal, para cuyo acceso es necesario entrar dentro de la Reserva Marina de Santa Lucía y recorrer durante al menos 50 minutos sus caminos. Lo que hace especial a esta ruta es que, en la reserva que os he mencionado, pueden encontrarse muchísimos animales típicamente africanos, rinocerontes, hipopótamos, impalas, cebras, etc. Una auténtica maravilla… si consigues verlos. Así como Lion Park era un lugar donde uno podía saber a ciencia cierta que iba a poder ver leones, cebras o suricatos, la reserva en cuestión no tiene nada que ver con un zoológico. Los animales andan a sus anchas por el lugar sin importarles si un turista curioso va a ir a verlos o no, razón por la cual es totalmente recomendable madrugar bastante (estar en el parque en torno a las 6:30 de la mañana) y es que es el momento en el que hace más fresquito y los animales salen a “desayunar”.

Una vez terminada la ruta, esta desemboca en una de las playas más salvajes que yo haya visto nunca, la playa de Cabo Vidal. Sin chiringuitos, restaurantes o cualquier cosa construida por el hombre. La mañana en que estuve fue particularmente ventosa y nublada por lo que pudimos ver la faceta más salvaje (aún si cabe) de esta playa tan bonita.

Realmente, cuando uno piensa en África, no se tiende a pensar en este tipo de playas, sino en leones, sabanas o tribus de colores… Lo dije en su día. Lo digo hoy. Lo diré para siempre. África es mucho más que todo eso. Es el lugar más sorprendente donde haya estado jamás.

Justo en la otra punta de pueblo, es decir, al otro lado de la única calle que lo compone, podemos encontrar otra de las atracciones turísticas por excelencia: una playa llena de dunas, con un estuario gigantesco como vecino, en la que puedes encontrarte de paseo dominguero a los hipopótamos y cocodrilos del lugar. Para llegar a ella, recorrimos una pasarela de madera elevada a un metro de la superficie ya que, tal y como rezaban los carteles, por allí podías encontrarte a los cocodrilos por lo que la mejor opción era caminar en la altura.

Mi tercer descubrimiento fue la posibilidad de hacer un crucero por el estuario del pueblo. Durante dos horas un barquito preparado para ello recorría la total extensión del estuario, acercándote hasta tan sólo un par de metros, hasta distintas familias de hipopótamos que pasaban tranquilamente la tarde en su hábitat natural. Pese a que también había cocodrilos, la capitana del barco nos contó que, en ocasiones, estos animales podían pasar hasta dos horas bajo el agua para refrescarse del calor y que, era esa la razón de que únicamente viéramos sus ojillos asomar a la superficie.

Estas dos especies conviven en este estuario generalmente de manera apacible. Digo generalmente porque hacía varios días un hipopótamo hembra había atacado a un cocodrilo por querer utilizar al bebé hipopótamo como merienda. No hace falta que diga quien ganó la batalla: los hipopótamos son la especie animal más peligrosa para el hombre de toda África, siendo culpables del mayor número de muertes humanas por ataque animal.

El rey de la selva

Generalmente, cuando alguien dice África lo primero que suele venírsele a uno a la cabeza es el típico sol naranja que nos muestran los documentales, el calor abrasante, el desierto del Kalahari o la rubia y fantástica melena del rey de la selva, el león. Aún queda mucho tiempo para que la costumbre de vivir en este país haga que deje de emocionarme con ver a través de mis propios ojos todas estas cosas.

Ilusionada, como una niña el día 25 de diciembre, llegué hace poco más de una semana a Lion Park. Antes de nada debo decir que el parque del que voy a hablar hoy es una miniatura y una total ridiculez si lo comparamos con otros muchos parques o reservas naturales donde puedan verse animales. No digo nada si la comparación la establecemos con el continente en sí.

Ellos mismos se definen como un lugar en el que poder conocer los animales salvajes (y no tan salvajes) que habitan en Sudáfrica. Es un sitio al que ir en familia, con amigos, en pareja o sólo, si el verdadero objetivo es ver por primera vez y sin tener que hacer mayor desplazamiento, animales como pudieran ser el león, el guepardo, la cebra, la hiena o el suricato, el cual por cierto es un animal que me hace muchísima gracia.

Este pequeño parque-zoo está dividido en varias áreas valladas de diferentes tamaños (no penséis en las jaulas de los zoológicos europeos) clasificadas en función del tipo de animal que esté en su interior. Por un lado, en la zona más extensa de todas pude ver animales herbívoros más bien inofensivos como cebras, impalas, avestruces o gacelas; os podéis imaginar la vocecilla de niña que me salió cuando vi por primera vez una cebra. Y, por vergonzoso que parezca, lo mismo me pasó al ver los suricatos (siempre he pensado que tienen una cara muy graciosa, como de no estar enterándose de nada), las jirafas y el resto de animales. Para haberme grabado.

Los leones y guepardos, aunque debería decir guepardo porque solo vi uno, están en una zona más acotada y totalmente separada de los animales herbívoros. Realmente no hay peligro alguno al ir a verlos ya que el tour lo haces en tu propio coche, hay personal fuera de las zonas donde estos animales se encuentran y, por encima de todo, el hecho de que no es una reserva natural donde los animales vivan de manera salvaje, sino que es una especie de zoo al estilo sudafricano.

Mi última gran hazaña en este lugar fue tocar a los leones, bueno leoncitos, y con los cuidadores al lado. Estaban como adormecidos por el calor y podías tocarlos sin ningún problema aunque antes de hacerlo, el staff del parque te aconsejaba cómo hacerlo para no molestar a los animales (no olvidemos que aunque sean leoncitos tienen unas zarpas tremendas).

Las pocas horas que pasé en este parque fueron suficientes para dejarme tranquila y calmar mi ilusión. Ya había visto leones. Podía dormir tranquila. Lo malo es que, al no ser el verdadero hábitat de los animales, nos ha dejado con las ganas de más.