La voz de Mr. Hofmeyr

Mientras en nuestro país sigamos valorando a las personas de forma distinta según el color de la piel, no dejaremos de padecer el mal que Sócrates define como “la mentira de las profundidades de nuestro espíritu”

Jan Hofmeyr,

Primer ministro de Sudafrica, 1946

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¿Quién es Alexandra?

Aparte de una de mis amigas aquí en Sudáfrica, Alexandra es un suburbio situado a las afueras de Johannesburgo que, además, es considerada una de las zonas urbanas (no penséis que se trata de una ciudad) más pobres del país. Cerca de 500.000 personas viven en este suburbio de menos de 8 kilómetros cuadrados en chozas sin ningún tipo de lujo o comodidad, construidas en chapa o ladrillo si tienen suerte, y sin electricidad o agua corriente.

El origen de Alexandra no fue, ni mucho menos, lo que hoy en día es; se fundó en 1912 con el objetivo de constituirlo como una zona blanca y se le dio el nombre de la mujer de su fundador. Por diversas razones, el objetivo no fue sino un absoluto fracaso por lo que Alexandra comenzó a convertirse en lo que actualmente es, un suburbio nativo en el que únicamente la gente más pobre habita.

Durante el apartheid, Alexandra fue uno de los pocos suburbios en los que no se trasladó a sus habitantes a distintos guetos distribuidos por el país. No obstante, su destino fue igualmente cruel: se permitió a sus habitantes continuar residiendo en esta zona únicamente porque resultaba ser un lugar muy conveniente como fuente de obra de mano ridículamente barata para servir en Johannesburgo.

Actualmente Alexandra, es una zona donde nacionales y extranjeros de raza negra y de color cohabitan en condiciones inhumanas. La criminalidad en esta zona no es únicamente hacia las personas de raza blanca (que obviamente no pisan Alexandra) sino también hacia personas del propio suburbio. Existe una gran cantidad de extranjeros (la mayor parte provenientes de Zimbabue) a los que se les acusa de la escasez de trabajo y de mujeres, aunque parezca mentira, contra los que se suceden ataques xenófobos.

Nunca antes había vivido en un país donde este tipo de cosas fueran el pan de cada día. Son personas que nada poseen y que, por su extrema pobreza, viven en unas condiciones inimaginables.

Hace unos meses un grupo de música actual escogió Alexandra como lugar para rodar el videoclip de una de sus canciones. Hoy os lo traigo para que podáis ver de lo que os estoy hablando. Sus casas, sus calles, su vida…

Nota: tened en cuenta que, pese a ser evidente, en Alexandra no están tan contentos como se ve en el vídeo

Igual os preguntáis (o igual no) el porqué de elegir, no sólo Sudáfrica como lugar de grabación de su videoclip, sino Alexandra en sí. No voy a hacer suposiciones de ningún tipo sino que me remito a lo que ellos mismos declararon.

Discutimos varios lugares donde rodar el vídeo para el single, y por el hecho de que ya habíamos estado en Sudáfrica, supimos que recibiríamos una muy buena respuesta y bienvenida allí como ya pasó la otra vez.

Solo en Sudáfrica recibirías ese tipo de energía. Pusimos un escenario en medio de la calle a las 4 de la tarde y decidimos empezar a tocar para la gente que estaba allí, y las respuesta que tuvimos fue totalmente diferente a la de cualquier otro sitio.

Fue diferente y nos abrió los ojos. Podría decirse que como un carnaval o festival. Fue algo precioso que nos transmitió muy buenas vibraciones.

Fue muy poderoso – podías sentir las emociones de la gente. Creo que esa actuación fue lo más destacado de nuestra visita a Sudáfrica. Está en el corazón de lo que estamos haciendo, se trata de contar historias.

Citas extraídas de la página web del club de fans de The Script España

Mamá África

La mamá de África. No lo digo yo, lo dicen ellos.

Miriam Makeba fue una aclamada cantante sudafricana nacida en los años 30 que, al mismo tiempo, fue y sigue siendo uno de los iconos del movimiento anti apartheid. Sus primeros pinitos en el mundo de la música los hizo aquí, en Sudáfrica, concretamente en un suburbio de Johannesburgo llamado Sophiatown. Vocalista en el grupo Manhattan Brothers y fundadora del grupo femenino The Skylarks, fue fichada por el cineasta estadounidense Lionel Rogosin para participar en Come back, Africa, un documental sobre el apartheid que tuvo gran éxito en el Festival Internacional de Cine de Venecia. Este no fue sino el inicio de su éxito internacional, éxito que le permitió conocer mundo y, asimismo, dar a conocer al mundo su música.

Años más tarde, tras la muerte de su madre, Miriam Makeba trató de regresar a su país con el objeto de asistir al funeral de la misma, momento en el que se percató de que se le había negado el pasaporte sudafricano. Así comenzó el exilio de esta famosísima cantante sudafricana, exilio que duró nada más y nada menos que 30 años.

En 1963, Makeba denunció la terrible situación que se sucedía en su país natal ante la Asamblea General de las Naciones Unidas lo cual provocó que el gobierno sudafricano prohibiera la difusión de sus canciones en dicho país. No obstante, ello no obstó para que figuras internacionales como John Fitzgerald Kennedy o Nelson Mandela (tras su liberación, evidentemente) la consideraran no sólo como un icono, sino como una gran artista.

Fue en diciembre de 1990 cuando Mamá África volvió a pisar su tierra natal. Recitales, un musical, la Gira de la Esperanza, numerosos premios, la creación de una organización para recaudar fondos para la protección de las mujeres sudafricanas y la superación, a los 33 años, de un cáncer cervical. Desde luego, no cabe duda de que Miriam Makeba fue un símbolo de mujer luchadora que, a pesar de las circunstancias que rodearon su vida, se mantuvo firme  en lo que a sus ideales se refiere y regresó con los brazos abiertos al lugar de donde, un día, fue expulsada.

Su absoluto éxito internacional Pata pata suena casi a diario en la radio de mi coche. Es una canción preciosa, alegre y divertida. Por lo menos a mí me saca unos sutiles bailecillos cuando la oigo.

Las imágenes de esta entrada, como podréis imaginaros, no son mías. No obstante no tienen copyright y son de difusión libre.

Sudáfrica a vista de pájaro

Si ésta fuera una entrada que recogiese todos los datos habidos y por haber de este increíble país, probablemente no existiría tal entrada. Por ello he optado por pegar un grandísimo salto y contaros qué, quién y cuánto se puede ver desde allá arriba.

Sudáfrica, conocida oficialmente como la República de Sudáfrica, es un país con una extensión de 1.219.090 kilómetros cuadrados (más del doble que la de España, mi querido país natal), y que acoge en su interior a más de  52.981.991 habitantes censados (a diciembre de 2013). Imaginaos la inmensa cantidad de paisajes, gentes y colores que podéis encontrar… De hecho, este país es conocido por la diversidad de culturas, idiomas, religiones y nacionalidades que cohabitan.

A nadie se le escapa el terrible pasado que precede a esta tierra, y es que durante 42 años aproximadamente (hasta 1992, último año en el cual únicamente votaron las personas de raza blanca) este país fue gobernado a través de un sistema de segregación racial denominado apartheid, el cual toma el nombre del afrikáans, lengua fruto de la evolución del idioma hablado por los colonos holandeses.

Ello provocó, que en aquel momento de dominio blanco, una gran cantidad de extranjeros emigraran a Sudáfrica. Así y todo, actualmente casi el 80% de la población es negra, dividiéndose el restante por ciento en personas de raza blanca (alrededor del 10%), asiática e hindú (2%) y mestiza (8%). Un dato muy curioso respecto a  la distribución de razas en la actualidad es que, a pesar de la abolición del apartheid, se sigue utilizando la raza como método de distinción de la población. A título de ejemplo, en determinadas empresas que operan de cara al público, se realiza una clasificación de los clientes en función del color de su piel (negro, blanco, indio, de color y ”otros”), hecho que suele suscitar tensiones y sensación de real división entre el personal.

Continuando con nuestra visión desde lo más alto del firmamento, podemos ver a todas estas personas, sudafricanas y extranjeras, en su día a día aquí, en Sudáfrica. Como habréis podido adivinar o ya sabréis por conocimiento previo, las diferencias entre la población son extremas ya que el poder adquisitivo de los habitantes de este país está totalmente polarizado. Por un lado, encontramos como la mayor parte de la población (mayoritariamente de raza negra y nacionales de Sudáfrica o países como Zimbabwe o Mozambique) viven en zonas marginales o guetos, donde no existe el agua corriente y la corriente eléctrica apenas es un bien del que puedan disfrutar. Por otro lado aquellas personas de raza blanca o provenientes de países del continente asiático viven en lo que a mí me gusta llamar una “burbuja de oro”, en urbanizaciones con alta seguridad privada e instalaciones de todo tipo, rodeados por los mayores centros comerciales y, finalmente, realizando una vida totalmente de primer mundo por un precio considerablemente menor al de la vida en los países desarrollados.

Imaginad, después de todo esto, el contraste que provoca que exista un sistema de gobierno llevado por personas de raza negra en el cual el verdadero poder adquisitivo está en manos de las restantes razas.

Al margen de todo ello, desde aquí arriba se tiene una perspectiva impresionante del paisaje. Sudáfrica, por su condición de país costero, deleita a la vista con las playas más impresionantes en Ciudad del Cabo o Durban por ejemplo; no obstante, con una gran meseta de altitud superior a 1200 metros flanqueada por el sistema montañoso del Drakensberg, este país tiene también el paisaje característico de zonas montañosas

Sudáfrica, el país de la libertad y la democracia, como lo llaman aquí. Freedom, freedom, 20 years of democracy. Lo cierto es que nada es lo que parece.