Sudáfrica a vista de pájaro

Si ésta fuera una entrada que recogiese todos los datos habidos y por haber de este increíble país, probablemente no existiría tal entrada. Por ello he optado por pegar un grandísimo salto y contaros qué, quién y cuánto se puede ver desde allá arriba.

Sudáfrica, conocida oficialmente como la República de Sudáfrica, es un país con una extensión de 1.219.090 kilómetros cuadrados (más del doble que la de España, mi querido país natal), y que acoge en su interior a más de  52.981.991 habitantes censados (a diciembre de 2013). Imaginaos la inmensa cantidad de paisajes, gentes y colores que podéis encontrar… De hecho, este país es conocido por la diversidad de culturas, idiomas, religiones y nacionalidades que cohabitan.

A nadie se le escapa el terrible pasado que precede a esta tierra, y es que durante 42 años aproximadamente (hasta 1992, último año en el cual únicamente votaron las personas de raza blanca) este país fue gobernado a través de un sistema de segregación racial denominado apartheid, el cual toma el nombre del afrikáans, lengua fruto de la evolución del idioma hablado por los colonos holandeses.

Ello provocó, que en aquel momento de dominio blanco, una gran cantidad de extranjeros emigraran a Sudáfrica. Así y todo, actualmente casi el 80% de la población es negra, dividiéndose el restante por ciento en personas de raza blanca (alrededor del 10%), asiática e hindú (2%) y mestiza (8%). Un dato muy curioso respecto a  la distribución de razas en la actualidad es que, a pesar de la abolición del apartheid, se sigue utilizando la raza como método de distinción de la población. A título de ejemplo, en determinadas empresas que operan de cara al público, se realiza una clasificación de los clientes en función del color de su piel (negro, blanco, indio, de color y ”otros”), hecho que suele suscitar tensiones y sensación de real división entre el personal.

Continuando con nuestra visión desde lo más alto del firmamento, podemos ver a todas estas personas, sudafricanas y extranjeras, en su día a día aquí, en Sudáfrica. Como habréis podido adivinar o ya sabréis por conocimiento previo, las diferencias entre la población son extremas ya que el poder adquisitivo de los habitantes de este país está totalmente polarizado. Por un lado, encontramos como la mayor parte de la población (mayoritariamente de raza negra y nacionales de Sudáfrica o países como Zimbabwe o Mozambique) viven en zonas marginales o guetos, donde no existe el agua corriente y la corriente eléctrica apenas es un bien del que puedan disfrutar. Por otro lado aquellas personas de raza blanca o provenientes de países del continente asiático viven en lo que a mí me gusta llamar una “burbuja de oro”, en urbanizaciones con alta seguridad privada e instalaciones de todo tipo, rodeados por los mayores centros comerciales y, finalmente, realizando una vida totalmente de primer mundo por un precio considerablemente menor al de la vida en los países desarrollados.

Imaginad, después de todo esto, el contraste que provoca que exista un sistema de gobierno llevado por personas de raza negra en el cual el verdadero poder adquisitivo está en manos de las restantes razas.

Al margen de todo ello, desde aquí arriba se tiene una perspectiva impresionante del paisaje. Sudáfrica, por su condición de país costero, deleita a la vista con las playas más impresionantes en Ciudad del Cabo o Durban por ejemplo; no obstante, con una gran meseta de altitud superior a 1200 metros flanqueada por el sistema montañoso del Drakensberg, este país tiene también el paisaje característico de zonas montañosas

Sudáfrica, el país de la libertad y la democracia, como lo llaman aquí. Freedom, freedom, 20 years of democracy. Lo cierto es que nada es lo que parece.

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