El rey de la selva

Generalmente, cuando alguien dice África lo primero que suele venírsele a uno a la cabeza es el típico sol naranja que nos muestran los documentales, el calor abrasante, el desierto del Kalahari o la rubia y fantástica melena del rey de la selva, el león. Aún queda mucho tiempo para que la costumbre de vivir en este país haga que deje de emocionarme con ver a través de mis propios ojos todas estas cosas.

Ilusionada, como una niña el día 25 de diciembre, llegué hace poco más de una semana a Lion Park. Antes de nada debo decir que el parque del que voy a hablar hoy es una miniatura y una total ridiculez si lo comparamos con otros muchos parques o reservas naturales donde puedan verse animales. No digo nada si la comparación la establecemos con el continente en sí.

Ellos mismos se definen como un lugar en el que poder conocer los animales salvajes (y no tan salvajes) que habitan en Sudáfrica. Es un sitio al que ir en familia, con amigos, en pareja o sólo, si el verdadero objetivo es ver por primera vez y sin tener que hacer mayor desplazamiento, animales como pudieran ser el león, el guepardo, la cebra, la hiena o el suricato, el cual por cierto es un animal que me hace muchísima gracia.

Este pequeño parque-zoo está dividido en varias áreas valladas de diferentes tamaños (no penséis en las jaulas de los zoológicos europeos) clasificadas en función del tipo de animal que esté en su interior. Por un lado, en la zona más extensa de todas pude ver animales herbívoros más bien inofensivos como cebras, impalas, avestruces o gacelas; os podéis imaginar la vocecilla de niña que me salió cuando vi por primera vez una cebra. Y, por vergonzoso que parezca, lo mismo me pasó al ver los suricatos (siempre he pensado que tienen una cara muy graciosa, como de no estar enterándose de nada), las jirafas y el resto de animales. Para haberme grabado.

Los leones y guepardos, aunque debería decir guepardo porque solo vi uno, están en una zona más acotada y totalmente separada de los animales herbívoros. Realmente no hay peligro alguno al ir a verlos ya que el tour lo haces en tu propio coche, hay personal fuera de las zonas donde estos animales se encuentran y, por encima de todo, el hecho de que no es una reserva natural donde los animales vivan de manera salvaje, sino que es una especie de zoo al estilo sudafricano.

Mi última gran hazaña en este lugar fue tocar a los leones, bueno leoncitos, y con los cuidadores al lado. Estaban como adormecidos por el calor y podías tocarlos sin ningún problema aunque antes de hacerlo, el staff del parque te aconsejaba cómo hacerlo para no molestar a los animales (no olvidemos que aunque sean leoncitos tienen unas zarpas tremendas).

Las pocas horas que pasé en este parque fueron suficientes para dejarme tranquila y calmar mi ilusión. Ya había visto leones. Podía dormir tranquila. Lo malo es que, al no ser el verdadero hábitat de los animales, nos ha dejado con las ganas de más.